Tendemos a culpar a la ropa por nuestros problemas de olores. ¿Lavaste esos jeans recientemente? Probablemente no con la suficiente frecuencia. O tal vez fue el ajo de la cena de anoche. Pero debajo de las capas de gel de baño y colonia barata se esconde una realidad biológica que no tiene nada que ver con los artículos de tocador. Está en nuestro ADN.
Los hombres y las mujeres literalmente huelen diferente. No se trata sólo de quién olvidó desodorizarse antes de una cita. Es una predisposición biológica. Dos teorías principales ayudan a explicar por qué tu género dicta tu aroma natural.
Química del sudor y niveles de azufre
Primero, necesitamos aclarar una idea errónea. El sudor en sí es inodoro. Hueles porque las bacterias de tu piel se comen el sudor. Lo descomponen. Los productos de desecho son los que apestan.
Una investigación reciente realizada en Suiza investigó la química de esa descomposición. Observaron muestras de axilas. Específicamente, midieron compuestos que contienen azufre.
Los resultados fueron crudos. El sudor femenino contenía niveles significativamente más altos de estos compuestos de azufre. Estamos hablando de 5 miligramos por muestra. ¿Sudor masculino? Sólo 0,5 miligramos. Esa es una diferencia diez veces mayor.
Una mayor concentración de azufre significa un potencial de olor corporal más fuerte. Pero no todo es malo. El aroma natural de las mujeres tiende a inclinarse hacia la cebolla o el pomelo. ¿Aroma de hombre? Más como queso apestoso. No es exactamente un ramo de rosas, pero es distinto.
La conexión del gen MHC
El azufre explica la intensidad. No explica la atracción. Ahí es donde la genética toma el mando.
Los estudios muestran que las mujeres se sienten atraídas por hombres que son genéticamente diferentes a ellas. Lo detectamos a través del olfato. Es sutil. Las fragancias pueden enmascararlo, pero no borrarlo.
Los investigadores no se limitan a pedir a la gente que se huela las axilas en público. Eso sería incómodo. Usan un protocolo. Los participantes se saltan el desodorante durante unos días. Sin antitranspirantes. Sólo productos sin perfume. Llevan almohadillas de algodón para el sudor en las axilas. O duermen con camisetas de algodón específicas.
Luego entregan esas camisetas a personas del sexo opuesto. Los voluntarios los huelen.
¿Qué huelen realmente? Pistas sobre los sistemas inmunológicos.
Un grupo de unos 100 genes controla nuestra respuesta inmunitaria. El complejo mayor de histocompatibilidad o MHC. Estos genes ayudan al cuerpo a reconocerse a sí mismo frente a invasores extraños. Identifican enfermedades infecciosas. También son la razón por la que los receptores de trasplantes necesitan inmunosupresores para evitar que sus cuerpos rechacen nuevos órganos.
Pero también desempeñan un papel en la selección de pareja.
Oler para estar en forma
Los participantes del estudio prefirieron los olores de donantes del sexo opuesto cuyos genes MHC eran más diferentes a los suyos. El efecto fue más fuerte en las mujeres que estaban ovulando.
¿Por qué esto importa? Sugiere que los humanos pueden detectar parejas capaces de producir descendencia en forma. También puede ayudarnos a evitar la endogamia. Detectar parientes a través del olfato previene el nacimiento de niños genéticamente inferiores.
Entonces, la diferencia de olor no se debe solo a los desechos químicos. Es un sistema de navegación. El contenido de azufre establece la nota de fondo. Los genes MHC proporcionan la señal. Los hombres huelen diferente a las mujeres porque esa diferencia nos guía hacia parejas que fortalecerán nuestro futuro genético.
No se trata sólo de higiene. Se trata de supervivencia. Y biología. Y azufre.
