Dormir no se trata sólo de sentirse descansado; es un pilar fundamental de la salud cardiovascular. La Asociación Estadounidense del Corazón ahora incluye el sueño adecuado entre sus ocho hábitos esenciales para un corazón sano. ¿Por qué? Porque mientras duerme, su cuerpo pasa por procesos restaurativos críticos que impactan directamente la presión arterial, la inflamación y los niveles de estrés, todos ellos factores clave para prevenir enfermedades cardíacas.
El reinicio del cuerpo de la noche a la mañana
Durante el sueño, la presión arterial cae naturalmente entre un 10% y un 20%, un fenómeno llamado descenso nocturno. Esto no es sólo un efecto pasivo; permite que el corazón y los vasos sanguíneos se recuperen del esfuerzo del día, reduciendo la carga de trabajo y protegiendo las paredes de los vasos. Aquellos que no experimentan esta caída (o peor aún, ven que su presión arterial aumenta por la noche) enfrentan riesgos significativamente mayores de sufrir un derrame cerebral e insuficiencia cardíaca.
El sistema nervioso también cambia de marcha. La respuesta de “luchar o huir” se alivia y es reemplazada por el modo de “descansar y digerir”. Esto significa frecuencia cardíaca más baja, reducción de las hormonas del estrés (como el cortisol y la adrenalina) y menos tensión en el sistema cardiovascular. Los niveles elevados de hormonas del estrés, ya sean a corto plazo o crónicos, dañan directamente el corazón con el tiempo.
Inflamación y metabolismo: vínculos ocultos
Dormir mal no se debe sólo a sentirse cansado; alimenta la inflamación en todo el cuerpo. La inflamación crónica es una de las principales causas de la aterosclerosis : la acumulación de placa en las arterias que provoca ataques cardíacos y accidentes cerebrovasculares. Las personas que duermen constantemente menos de seis horas por noche tienen un mayor riesgo de muerte cardiovascular, en parte debido a esta respuesta inflamatoria.
La falta de sueño también altera el metabolismo de la glucosa, aumenta la resistencia a la insulina y aumenta el riesgo de diabetes tipo 2 y síndrome metabólico. Incluso afecta los hábitos alimentarios: dormir mal desequilibra las hormonas del hambre, generando antojos de alimentos poco saludables que sobrecargan aún más el corazón.
Qué hacer al respecto
Si tiene dificultades para dormir, no lo descarte simplemente como “estar cansado”. Consulte a un médico sobre cualquier problema de sueño que tenga, especialmente si tiene afecciones cardíacas existentes. Abordar el insomnio, la apnea del sueño o incluso el síndrome de piernas inquietas puede mejorar drásticamente su salud cardiovascular.
Dar prioridad al sueño no es un lujo; es una inversión fundamental en el bienestar a largo plazo de su corazón. Los procesos naturales de recuperación del cuerpo dependen de un descanso constante y de alta calidad para regular la presión arterial, controlar la inflamación y proteger contra enfermedades crónicas.
