El dolor agudo (el malestar repentino y agudo causado por lesiones como esguinces, cortes o incluso dolor de muelas) afecta a casi todo el mundo en algún momento. Es una señal temporal de que algo anda mal, pero ignorarlo o gestionarlo mal puede provocar sufrimiento innecesario e incluso problemas a largo plazo. Comprender cómo funciona el dolor agudo es el primer paso para lograr un alivio eficaz y evitar que se vuelva crónico.
¿Qué es el dolor agudo?
El dolor agudo surge de una amenaza inmediata al cuerpo, como una lesión o enfermedad. A diferencia del dolor crónico, que dura meses o años, el dolor agudo es de corta duración: normalmente se resuelve en unos pocos días o semanas a medida que sana la causa subyacente. Los médicos suelen describirlo utilizando términos como “agudo”, “palpitante” o “ardor”: sensaciones que le indican que algo necesita atención.
Diferencias clave con el dolor crónico
La distinción crítica es duración. El dolor agudo indica un problema reciente, mientras que el dolor crónico persiste mucho después de que la lesión inicial haya sanado (o incluso sin una causa inicial clara). El dolor crónico requiere un enfoque diferente de tratamiento, mientras que el dolor agudo a menudo puede resolverse abordando directamente la raíz del problema.
Causas comunes de dolor agudo
Los desencadenantes del dolor agudo están muy extendidos:
- Lesiones: Fracturas, esguinces, quemaduras, cortes.
- Procedimientos Médicos: Cirugía, parto, trabajo dental.
- Enfermedades: Infecciones, dolores de cabeza, dolores de garganta.
- Traumatismos: Accidentes automovilísticos, caídas, lesiones deportivas.
Los problemas menores, como los rasguños, pueden curarse por sí solos, pero las lesiones graves (huesos rotos, quemaduras graves) exigen atención médica inmediata. Retrasar el tratamiento puede empeorar el dolor y complicar la recuperación.
Por qué tu cuerpo envía señales de dolor
El dolor no sólo es desagradable; es un mecanismo de protección. Cuando tocas una estufa caliente, la sensación de ardor te obliga a retirar la mano, evitando daños graves a los tejidos. De manera similar, pisar un tobillo dolorido le indica que deje de poner peso sobre él, evitando lesiones mayores. Estas señales, impulsadas por terminaciones nerviosas llamadas nociceptores, son esenciales para la supervivencia.
Por qué ignorar el dolor es una mala idea
Superar el dolor agudo no te hace más resistente: puede empeorar las cosas. Si el dolor afecta significativamente su vida diaria, busque atención médica. La intervención temprana acelera la curación, mejora los resultados y evita que el dolor se vuelva crónico. El objetivo es restaurar la función rápidamente, no “resistir” a expensas de la salud a largo plazo.
Opciones de tratamiento: de la medicación a la terapia
El tratamiento del dolor agudo implica una variedad de enfoques:
- Medicamentos: Los analgésicos no opioides (como los AINE y el paracetamol) suelen ser tratamientos de primera línea.
- Sin medicamentos: El ARROZ (reposo, hielo, compresión, elevación), el calor, la fisioterapia, los masajes e incluso la terapia cognitivo-conductual pueden desempeñar un papel.
La mejor estrategia depende de la causa del dolor.
Cómo el dolor agudo puede volverse crónico
Según una investigación, aproximadamente un tercio de las personas con dolor lumbar agudo desarrollan dolor crónico. Los factores que aumentan este riesgo incluyen ser mujer, edad más joven, ciertas condiciones médicas, genética, ansiedad o depresión. Cuando el dolor agudo no se controla eficazmente, el sistema nervioso puede volverse hipersensible, lo que provoca un dolor persistente incluso después de que la lesión inicial haya sanado. Esto se conoce como sensibilización central.
Conclusión: El dolor agudo es una señal de advertencia que exige atención. Tratarlo rápidamente puede prevenir sufrimiento a largo plazo y restaurar la función rápidamente. Ignorarlo no sólo prolonga el malestar sino que también aumenta el riesgo de dolor crónico, que es mucho más difícil de controlar.

























