El concepto de “reparenting” (básicamente, proporcionarse a usted mismo la atención que le pudo haber faltado cuando era niño) ha ganado fuerza en los debates modernos sobre bienestar. Como lo explica la psicóloga clínica Nicole LePera, PhD, la idea central no es culpar a los padres, sino comprender cómo las experiencias tempranas moldean los comportamientos de los adultos. Este enfoque no se trata simplemente de culparse a uno mismo o de nostalgia; se trata de reconocer cómo las adaptaciones infantiles se convierten en patrones arraigados.
Las raíces de los comportamientos de los adultos: no se trata de personalidad
Muchos rasgos que atribuimos a la personalidad son, de hecho, mecanismos de afrontamiento desarrollados en respuesta a los entornos infantiles. LePera destaca tres ejemplos comunes:
- Hiperindependencia: Las personas que aprendieron desde el principio que depender de los demás les llevaba a la decepción a menudo desarrollan una autosuficiencia rígida. Esto se debe a cuidadores poco confiables o críticas por buscar ayuda. Como adultos, les cuesta delegar y se sienten obligados a manejar todo solos.
- Exceso de logros: Para algunos, el éxito fue la única forma de ganarse la atención o la validación durante la niñez. Este impulso puede volverse compulsivo, desdibujando la línea entre la ambición y una necesidad insaciable de aprobación externa.
- Mayor sensibilidad: Crecer en entornos inestables fomenta la hipervigilancia, una habilidad de supervivencia en la que los individuos buscan constantemente amenazas. Esto puede manifestarse como una mayor sensibilidad a las señales emocionales, que a menudo se confunde con un rasgo de personalidad.
Inundación emocional: por qué las reacciones pueden parecer desproporcionadas
Las reacciones exageradas no son defectos de carácter sino más bien la activación de viejas heridas. Cuando se activa, el sistema nervioso no distingue entre traumas pasados y presentes. Un comentario aparentemente menor puede desencadenar una intensa respuesta emocional porque aprovecha experiencias infantiles no resueltas. La clave es reconocer que la reacción no se trata del desencadenante en sí sino de lo que representa.
Redefiniendo el trauma: más allá de lo obvio
El trauma no se limita a eventos extremos como abuso o negligencia. LePera la define como cualquier experiencia para la cual no estuvo disponible el soporte adecuado durante el procesamiento. Esto significa que incluso una infancia aparentemente “normal” puede dejar heridas duraderas si no se satisfacen las necesidades emocionales. Los niños cuyos sentimientos fueron ignorados o que carecieron de una presencia emocional consistente aún pueden cargar con un trauma no resuelto.
Primeros pasos con la autoreparentalidad
El proceso de reparenting comienza con la autoconciencia y la voluntad de romper viejos patrones. LePera sugiere un marco simple:
- Pausa: Interrumpe las reacciones automáticas tomándote unos segundos antes de responder.
- Conciencia del cuerpo: Pasar del análisis mental a la sensación física. Observe dónde reside la tensión y cómo se manifiesta la emoción en su cuerpo.
- Autocompasión: Pregúntate qué necesitas en este momento. Tranquilícela, descanse o reconozca la dificultad.
El objetivo no es borrar el pasado, sino brindarte el cuidado que te faltaba, reconociendo que los viejos patrones eran soluciones adaptativas a los desafíos de la niñez.
En última instancia, la reparentalización implica reconocer que los comportamientos no son defectos sino adaptaciones. El trabajo consiste en identificar cuándo esas estrategias ya no te sirven y cultivar conscientemente otras más saludables.

























