The Shipman Enquiry: Cómo un médico de cabecera mató a 250 pacientes

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Harold Shipman no era sólo un médico. Era un fantasma con una bata blanca. Durante décadas, operó discretamente en Hyde, una ciudad del Gran Manchester. Luego vinieron los titulares. Se hizo conocido como uno de los asesinos en serie más prolíficos de la historia.

¿El recuento oficial? Unas 250 víctimas.

Shipman era médico de cabecera. A sus pacientes les parecía digno de confianza. Esa confianza fue su arma. En 2000, un tribunal lo declaró culpable de 15 cargos de asesinato. La sentencia fue cadena perpetua. Nunca salió de prisión. En 2004 se quitó la vida.

Pero el recuento de cadáveres no se limitó a las 15 condenas. ¿Por qué? Porque el juicio sólo cubrió los casos que la policía y los fiscales pudieron probar más allá de toda duda razonable. Shipman fue mucho más cuidadoso con sus otras víctimas. Se inició una investigación gubernamental para profundizar más. El objetivo era sencillo. Estime la verdadera escala de la matanza.

El resultado, publicado en 2005, fue escalofriante. El informe concluyó que Shipman probablemente había matado a unas 250 personas. La línea de tiempo se remontaba a 1971. Son treinta años de muerte silenciosa.

El método era simple

¿Cómo lo hizo? No utilizó veneno en el sentido tradicional. Usó medicina. En concreto, diamorfina. Esa es heroína de grado médico.

Visitaría a un paciente. A menudo uno de edad avanzada. Solo. Administraría una dosis letal mediante inyección. Luego firmaría el certificado de defunción. Enumeró la causa de la muerte como causas naturales. Insuficiencia cardiaca. Ataque. Vejez. El papeleo hizo que el asesinato pareciera un acontecimiento trágico pero esperado.

Este no fue un crimen pasional. Fue un crimen de oportunidad y acceso. Conocía el sistema. Sabía qué médicos confiaban en sus certificados. Sabía cómo manipular los registros médicos.

¿Por qué lo hizo?

No hay una respuesta clara. Esta es la parte que mantiene despiertos a los investigadores por la noche. Los motivos suelen ser claros en los casos de asesinos en serie. Fuerza. Sexo. Enojo. Con Shipman, los datos son turbios.

Algunas teorías sugirieron que buscaba poder sobre la vida y la muerte. Otros señalaron la necesidad de control. Algunos incluso especularon sobre una ganancia secundaria, aunque hay poca evidencia de que se beneficiara financieramente. La explicación más probable es psicológica. Una necesidad profunda y patológica de dominar. Jugar a ser dios sin consecuencias.

La investigación no pudo precisar un solo motivo. Sólo pudo documentar la escala.

Las secuelas

La Investigación Shipman cambió la medicina británica. Condujo a reformas estrictas en la forma en que se emiten los certificados de defunción. Cómo se mantienen los registros médicos. Cómo se controlan las recetas. El objetivo era garantizar que ningún otro médico pudiera pasar desapercibido tan fácilmente.

Pero el costo humano persiste. 250 nombres. 250 familias destruidas. 250 vidas tomadas por la persona que juró protegerlas.

Shipman se suicidó. Nunca enfrentó un segundo juicio. Nunca respondió por las 235 víctimas no incluidas en sus 15 condenas. La pregunta del “por qué” sigue sin respuesta. La respuesta a “cuántos” ahora se fija en 250. Pero el dolor no desaparece. Simplemente se convierte en parte del disco.