Cómo la fertilización con un solo espermatozoide desencadena el embarazo

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Es una competencia violenta y microscópica. Miles de espermatozoides llegan a las trompas de Falopio. Sólo un puñado toca el huevo. Lo rodean. Comienza la carrera.

Cada espermatozoide usa su cabeza, específicamente el acrosoma, para descargar enzimas en la membrana externa del óvulo. Piense en ello como un escudo gelatinoso. Las enzimas lo corroen. Un espermatozoide tiene que entrar. Una vez que ocurre esa única entrada, todo cambia instantáneamente.

La membrana celular del óvulo cambia su carga eléctrica. Esta señal hace que los gránulos corticales (pequeños sacos justo debajo de la superficie) se abran de golpe. Su contenido se hincha. Esta hinchazón empuja a todos los demás espermatozoides. Es un candado duro. Un cortafuegos biológico.

La reacción cortical asegura que solo un espermatozoide fecunda el óvulo.

El resto muere en 48 horas. Nunca tienen una oportunidad.

El óvulo fertilizado ahora es un cigoto. El pico eléctrico provoca una división nuclear final. Forma un pronúcleo con un único conjunto de instrucciones genéticas. El pronúcleo del espermatozoide se encuentra con él. Se fusionan. La división celular comienza inmediatamente.

Sin pausa. Sin dudarlo.

El cigoto desciende por la trompa de Falopio. Se divide rápidamente. Al cuarto día, tiene alrededor de 100 células. Ahora se le llama blastocisto.

Flota cerca del revestimiento del útero durante dos días. Luego, excava. La implantación ocurre alrededor del sexto día. Este es el momento en que comienza oficialmente el embarazo.

El blastocisto permanece en el útero. Crece. El útero se estira. Con el tiempo, alcanza el tamaño de una pelota de baloncesto. El ciclo se completa.